Lo extraño en la pintura de Cesar Costanzo
- Luis Felipe Noé
- 1 jul 2009
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Para César Costanzo la pintura es un acto de revelación del que él mismo se sorprende. Como si fuese un sacerdote (pero de una religiosidad pagana) hace presente con verdadera obstinación el cáliz y su misterio. Su simbolismo aparentemente hermético, es sin embargo una fuente de metáforas abiertas. El mundo suyo es como un tarot absolutamente personal. El no quiere que se lo descifre, sino que se sienta su presencia. El diálogo que reclama es el silencio de la contemplación.

En tal sentido, su pintura es de una originalidad indudable, de él nace y con ella él se transforma en el misterio del mundo. Con una técnica que oscila entre el oficio y lo naif nos va ofreciendo su cosmovisión como algo que debe guardarse en el misterio. Lo hace con humildad y extrema sensibilidad. La presencia habitual de rostros en su obra alude al hombre en lo incógnito. El mostrarlo es para él un acto hermenéutico. Va conociendo lo que es capaz de hacer presente, y allí lo deja evitando adjetivaciones.

Conozco a César Costanzo desde hace años y sé muy bien de su encanto personal y su pasión por la pintura. El misterio de su obra pareciera contrastar con la claridad de su persona, pero es que él en ella sincera lo que le es oculto. Por ello, sin embargo, transmite y se comunica con el espectador siempre y cuando este respete al misterio y no haga interpretaciones que dejen la sensibilidad de costado.
Luis Felipe Noé.
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